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 David Galván apunta a figura del toreo el día de su alternativa. L. Rivas

En la afición se valora una cualidad tan esencial que se llama "estar en torero". Así estuvo David Galván en una tarde de tanta responsabilidad como fue la de tomar la alternativa el pasado Día de Andalucía en la plaza de toros de 'El Pino' en Sanlúcar de Barrameda, donde tuvo como maestros de ceremonia a Francisco Ruiz Miguel y Enrique Ponce. Sin desorbitar los acontecimientos puede ser una figura grande. Al menos demostró ante un lote no propicio, que pisa el ruedo con serenidad, facilidad, facultades, decisión, saber y valor.Cuajó excelentes verónicas y chicuelinas con gusto y temple.

El primero toro que mató en público de nombre Buena cara, n º 42, negro , cinqueño y que hacía honor a su nombre, debió medirse el castigo. Más tarde lo acusó en la muleta.Tras brindar al matador José Antonio Ortega que confió en él desde becerrista, hilvanó con cadencia y elegancia series de derechazos. Mantuvo su relajación hasta que el animal dejó de embestir. Se metió muy firme ante los pavorosos pitones que punteaban los alamares, dejándose sentir el clamor del público La estocada llevaba el sello del maestro Rafael Ortega.

Con el otro abierto de cuerna, molesto, echando la cara arriba y que recibió otro fuerte puyazo, no perdió la compostura robándole los pases que no tenía, en una lidia inteligente, reposada y valiente. Labor meritoria. Ese es el camino.

La faena de Ponce con color del mar Mediterráneo y sabor a manzanilla al quinto, tuvo la virtud fundamental del magisterio. Caldeó el ambiente al torear con la muleta dominadora tan peculiar en él. Entre sus pliegues llevaba el don del temple, inteligencia, intuición y regusto. El sabio de Chivas sabe andarle y administrar las pausas como pocos Hubo una leve petición de indulto compensada con la vuelta al ruedo. Había firmado una faena ligada por ambos pitones para el recuerdo.

Las verónicas y chicuelinas de Ruiz Miguel plenas de cadencia y ritmo endulzaron su actuación donde su valor, raza y torería, tenían el color de su salinera tierra. Su primero llegó bien por el pitón derecho, aprovechándolo con las ganas de un novillero que empieza, hasta que el animal mostró intenciones sal ir de enaja. Soso, con las fuerzas y castas justas, el pundonor, magisterio y torería resplandeció con unas manoletinas tan arrebatadoras como su toreo mismo.

Hubo otro torero protagonista que sin torear recibió unas de las grandes ovaciones de la tarde. Padilla recibió los brindis de sus tres compañeros.

Fuente: www.andaluciainformacion.es

 

 

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