postheadericon Crónica de la primera de San Isidro. CULTORO

 

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MARCO A. HIERRO  Fuente: CULTORO.COM

A veces se agradece un pellizquito en la nalga. Y el beneficio obedece a múltiples razones; que nos azucen un poco para volver a coger ritmo, que nos ofrezcan una muestra de cariño -muy cariñoso, por cierto-, que le resten importancia a algún error o incluso que nos llamen la atención de una forma poco ortodoxa. Pero no suena del todo mal un pellizquito en la nalga. Lo malo es cuando se van sucediendo pellizquitos en el transcurso de las dos horas y media que dura un festejo. Porque hubo de muchas clases, pero casi todos se hicieron pesados a partir del vigésimo, más o menos. Porque incluso el manjar más apetitoso y caro llega a cansar con la excesiva repetición. 

Caro, lo que se dice caro, no hubo ningún manjar en la corrida que abrió feria, pero sí pellizquitos en la nalga, que no tuvieron importancia en un principio por la esperanza del primer día, pero fueron minando el interés a medida que los convirtió en excesivos la repetición. Porque se pasó por alto la presentación terciada, desigual y fuera de tipo de una corrida de La Quinta que se tapó con la cara y lo gris del pelo, y así hubiera quedado la apreciación si al menos hubieran embestido. Pero no lo hicieron; sólo pasaron buscando salidas, golpearon las telas, miraron los ternos y hasta se volvieron sobre las manos para perseguir un alamar. Uno sólo salvó de la quema el Sanedrín de Madrid, y fue ese quinto que huyó hacia adelante con humillación y hasta profundidad... siempre que la tela muriera en dirección a tablas. Pero ese fue, al fin y al cabo, el pellizquito agradable. 

Una raspa fue, de hecho, el rabiosillo segundo, y se llevó a Galván padentro. Por abajo fue el saludo, pero caminando para atrás, perdiendo el paso con ritmo y moviendo la manta a los lados para que diese contra ella -si podía- el primer empellón. Luego se llevó capotazos como para hacer colección, porque tendía a volver las ancas y desentenderse sin pellizquito alguno. Hasta que la lidia por abajo que tardó en plantear Galván le provocó un monumental cabreo al manso del pelo gris. Y su reposición en corto trabó la corva de David, lo echó a volar sin motor alguno y en el aire le tiró dos navajazos que le hollaron la carne al gaditano. Pero lo peor fue lo del codo. Una posible fractura le arregló el finiquito de hoy y del próximo mes y medio. Y eso sin dar un lance ni un muletazo. Para que luego digan que esto no es tan duro... 

 

 

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FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO 



FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. Primera de la Feria de San Isidro. Corrida de toros. Media plaza. 

Seis toros de La Quinta, fuera de tipo todos excepto el tercero. Mansito de media altura y aburrido ademán el primero; reponedor con genio el orientado segundo; de humillada y noble mansedumbre el tercero, a menos; pasador en la media distancia el manso cuarto, muy a menos; humillado y hasta profundo a zurdas el exigente y buen quinto, aplaudido; espeso, protestón y punteador el deslucido sexto.

Alberto Aguilar (turquesa y oro): silencio tras aviso, silencio en el que mató por Galván y silencio tras aviso. 

David Galván (marino y oro): herido. 

Javier Jiménez (azul pavo y oro): silencio tras aviso, ovación tras aviso y silencio tras dos avisos. 

 

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