postheadericon David Galván, estuvo enorme en San Fernando saliendo a hombros junto al rejoneador Manuel Manzanares y el ganadero Salvador Gavira

Texto y Fotografía: José Salguero Duarte. www.desdelcallejon.com

INTRODUCCIÓN

Cuando el toreo y el mundo flamenco se unen, y más en este rincón tan especial, cuna de grandes artistas. Brota a borbotones el alba y el rocío marinero de las raíces más profundas de nuestra especial tierra gaditana con su sal, su sol y sus musas. Donde la preñez de dignas señoras y madres, han parido a mucha gente de bien y a grandes genios, entre otros muchos, a Paco de Lucia, Alberti, Rafael de Paula y al mismísimo ‘Camarón de la Isla’.

Esa conjugación del cosmopolitismo nuestro, se concentró en el centenario coso isleño, haciéndome durante las lidias del festejo los toques a la guitarra de Luis de Camarón y los cantes por bulerías, fandangos y fiestas de Rancapino hijo y de Tarasco, que se me erizaran los vellos de la piel y, se me encogieran las tapaeras del sentío, con tanto arte que desparramaban a los cuatro vientos con sus quejidos profundos, y esas verónicas y naturales trazadas magistralmente por el capote y muleta del joven David Galván de la Isla de San Fernando.

Estaba tan abstraído en estos mundos flamencos y tauromacos, hasta el punto, que si los pasodobles taurinos en los diferentes cosos son sus sonidos excepcionales, en esta ocasión, los instrumentos que hicieron sonar la excelente banda, penetraban por las canaletas de mis entrañas a contrapunto, no calándome como suele ocurrirme en otras tardes. Porque, entre otros motivos, mi cuerpo permanecía receptivamente en estado de extrema sensibilidad y debilidad, totalmente entregado a lo nuestro, con sus gozos y penas, pasiones y glorias. Alcanzando el éxtasis en momentos, cuando esa fusión tan especial y única del flamenco y el toreo con pellizco, valor y temple, hacían un engranaje perfecto, trasportándome al más allá de las exquisiteces gaditanas y andaluzas.

INCIDENCIAS

En el centenario coso de la Isla de San Fernando, tuvo lugar el sábado 14 de julio, con motivo de sus Fiestas de la Virgen del Carmen y la Sal, una corrida de toros mixta flamenca. En tarde calurosa con una brisa marinera que refrescaba el ambiente en la más de media plaza de público en los tendidos.

El cartel anunciado lo componían David Galván que lidió y estoqueó el segundo, tercero, quinto y sexto. Por su parte, Manuel Manzanares, rejoneó al primero y cuarto todos ellos pertenecientes a la ganadería de los herederos de Antonio Gavira, de desigual presentación y juego, siendo el mejor el quinto de la tarde que fue premiado con la vuelta al ruedo tras haberle cortado las orejas y el rabo Galván.

El festejo fue en homenaje a la memoria del genio del cante ‘Camarón de la Isla’, por ello, al toque amenizó el espectáculo su hijo Luis de Camarón y al cante ‘Rancapino hijo’ y Tarasco.

Finalizado el paseíllo las cuadrillas guardaron un minuto de silencio, no sólo a la memoria de ‘Camarón’, sino también, por el reciente fallecimiento del empresario y propietario de la plaza.

Posteriormente, los alumnos de la escuela Rafael Ortega de San Fernando entregaron a Galván diferentes placas y trofeos, así como, a Luis de Camarón.

Hay que reseñar, que las rayas de picar no estaban marcadas como se suele hacer habitualmente, sino, con sal gorda sin refinar de las salinas de San Fernando.

Llegado hasta aquí debo indicar, que si llevo por lema en esta vida, que se puede ser mejor o peor profesional de cualquier profesión u oficio, jamás admito a las malas personas. Por ello, el joven David Galván, tras brindar la faena de muleta de su segundo de la tarde, a su mozo de espadas Francisco Iglesias, demostró una vez más con ese brindis, que a pesar de tener todos los ingredientes para convertirse en un figurón del toreo. Ya es una grandísima persona, noble y sencilla, al llevar esas nobles enseñanzas incrustadas en sus genes desde la cuna de sus padres. Porque gestos como este, tienen un valor moral incalculable para las personas que los realizan y mucho más para los que los reciben.

Por lo tanto, me congratulo no haber ido a pasar el día a una cala de las playas de Tarifa, y sí a San Fernando a contemplar dicho espectáculo, porque salí henchido de torería y arte tauromaco y flamenco.

David Galván, por su parte, vestía un inmaculado traje blanco y oro cuando hizo el paseíllo, pero cuando salió a hombros de la plaza, iba de sangre del toro hasta las hombreras. Esa es una buena lección porque si le importa tres pepinos el traje, cuando el toro lo empala, coge o empitona ni se mira a pesar de estar recién doctorado en matador de toros, pero sus mentores están haciéndole que coja el suficiente rodaje para que en un futuro inmediato, afrontar con suficientes garantías los compromisos que le esperan en las grandes ferias. Así que, paciencia, que es la madre de todas las ciencias, ya que las prisas en estas ocasiones son malas consejeras, y eso lo saben muy bien sus grandes apoderados que llevan su carrera.

Manuel Manzanares.-

Como ya he indicado anteriormente rejoneó al primero y cuarto de la tarde, puso ganas y empeño en hacer las cosas bien, parando a los toros y colocando las banderillas largas y cortas dando muestras de progresar en el arte del rejoneo, con una buena doma a su excelente cuadra de caballos. Pero en el primero no tocó pelo, llevándose tan sólo una ovación saludando desde el tercio. Pero en su segundo alcanzó las dos orejas, que le permitieron salir a hombros de la plaza de toros.

David Galván.-

A su primero número 84 lo lanceó con el capote no colaborando el toro como debiera. Ignacio Duarte le pegó un puyazo y Galván lo probó por chicuelitas muy ajustadas llegando a los tendidos, siendo aplaudido, cambiado el tercio. Salvador Jiménez lidió muy bien y Daniel Duarte estuvo en gran maestro en banderillas. La faena de muleta se la brindó en el centro del anillo al público y posteriormente al cielo a la memoria de Camarón y del empresario de la plaza recientemente fallecido. Comenzó ganándole terrenos al toro con muletazos suaves, haciendo ya que sonara el cuadro flamenco, comenzándose a cuajar esa obra con la torería y esencia que le corren por las venas al joven diestro. Llegando a exprimir toda la bravura que llevaba el gavirón en sus adentros. Siéndole concedidas a Galván las dos orejas y el toro en el arrastre recibió algunas palmas.

A su segundo lidiado en tercer lugar, lo lanceó a la verónica flexionando las rodillas en cada lance con empaque y profundidad, rematando con una revolera sentida. Lo puso al caballo con chicuelitas al paso, siéndole enseñada la puya. Galván en el centro del anillo se puso de espalda y le enjaretó una Miguelina y varios lances más caldeando a los tendidos. Brindó la faena de muleta a su mozo de espadas Francisco Iglesias. Posteriormente comenzó a pies juntos sintiéndose en cada muletazo, haciéndose un silencio maestrante mientras toreaba posteriormente con quietud, hasta que le enjaretó inesperadamente un paso cambiado ajustado por la espalda encogiéndome la respiración, tronando las palmas y sonando la música. Posteriormente lo toreó por ambos pitones clavando las zapatillas en el blando ruedo, dando una lección notable del arte del toreo. Tras media estocada le concedieron las dos orejas.

En su tercero lidiado en quinto lugar, se demostró, una vez más, que no hay quinto malo. Porque fue el toro marcado con el 118 el de la tarde y el de la corrida, al que entendió a la perfección David Galván en todos los tercios, dando una lección magistral de buen torero metiendo los riñones y retorciéndose en cada verónica, muletazo, natural y pases de pecho, como si en ellos se le fuera el tren de las esperanzas, por conseguir ser alguien importante en el escalafón de matadores de toros. A este quinto toro de la tarde que fue brindado a los cantaores y guitarristas, le cortó las orejas y el rabo tras una gran estocada; siéndole dado la vuelta al ruedo al toro en el arrastre.

Cerró plaza con un toro marcado con el 109 al que recibió con una larga cambiada, posteriormente en un lance humilló tanto dando una voltereta. Álvaro Núñez en banderillas estuvo muy bien en el par espectacular que puso. La faena de muleta se la brindó a familiares del empresario de la plaza fallecido diciéndoles: “Por la familia Postigo por lo que ha significado en esta plaza dándole prestigio”. Posteriormente se dobló con el gavirón con mucha torería, pero el toro estaba justito, lo intentó con valor y dominio por ambos pintones. Y tras finiquitarlo recibió una gran ovación en el tercio. Saliendo a hombros de la plaza junto al rejoneador y al ganadero Salvador Gavira.

 

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar